824. “¡Ningún santo ha caído del Cielo!” — 25.01.2015
Mi hija. Mi querida hija. Por favor, escribe, hija Mía, y escucha lo que Yo, tu Madre en el Cielo que te ama, quiero decirles hoy a los hijos del mundo:
Prepárense, Mi amado rebaño de hijos, porque muy pronto este “aquí” llegará a su fin. Mi Hijo, su Jesús, vendrá a redimirlos y llevárselos consigo, pues una Nueva Era está por comenzar, pero solo se les concederá a aquellos de ustedes que confíen plenamente en Mi Hijo, que LO honren y alaben, y que le permanecen fieles y entregados en todo momento.
Mis hijos. “Ningún santo ha caído del Cielo”, como se dice tan bien en su lenguaje, es decir, casi todos los santos han trabajado arduamente en sí mismos para poder llevar una vida santa. ¡Pero lo hicieron, han recorrido el camino de la “resistencia” permaneciendo fieles a Jesús, perseverando en esa fidelidad y viviendo conforme a Sus enseñanzas y a Sus mandamientos!
Muchos santos incluso estaban “extraviados” al principio, es decir, no se encontraban en el camino que conduce al Reino de los Cielos, sin embargo, en algún momento reconocieron la verdad Y SE CONVERTIRON. A partir de entonces vivieron tal como el Señor deseaba de ellos y rechazaron todo lo que no conduce al Reino de los Cielos.
De eso se trata, Mis hijos. ¡Deben reconocer la verdad y deben arrepentirse! Solo quien aspire a la santidad se acercará plenamente al Señor, y eso no significa que de ahora en adelante no puedan cometer faltas. Significa que, conscientemente, ya no cometan más pecados, ya no sigan más tentaciones y se opongan a todo lo que no provenga de Dios, ¡a todo lo que ÉL no quiera!
Deben entregarse por completo a Jesús y pedirle guía. ¡Una y otra vez! Claridad, guía, orientación. ¡Un corazón amoroso, pureza, mansedumbre, comprensión!
Mis hijos. Pidan todos estos dones y más, y se les concederán, pero deben pedirlos con sinceridad y de corazón puro. Si no pueden hacerlo, pidan que Nosotros les ayudemos. Lo que cuenta es su voluntad, sus esfuerzos, su perseverancia.
Deben someter sus obras y acciones a la voluntad del Señor y vivir a su servicio, Mis hijos. Y suplicar una y otra vez por la gracia y el perdón. Verán cómo todo cambia, especialmente en ustedes, Mis hijos, y cómo una felicidad desconocida, una alegría maravillosa, se instalará en ustedes.
Mis hijos. El camino vale la pena, pues es el camino hacia Jesús y hacia el Padre -el camino hacia su eternidad en gloria y majestad. Pero deben ganársela, pues, aunque Dios Padre la pone a sus pies, ustedes no la reconocen y se pierden en cuerpo y alma ante Su adversario.
Así que despierten, Mis hijos, y reconozcan la verdad. Conviértanse y emprendan el camino que tantos santos ya han recorrido antes que ustedes. Sus esfuerzos serán recompensados más abundantemente que cualquier recompensa que conozcan en su tierra.
Así que conviértanse y denle a Jesús su SÍ, pues con su SÍ dan el primer paso en su camino hacia esa gloria tan maravillosa que el Padre tiene preparada para ustedes. No esperen más, porque el fin se acerca rápidamente.
Sigan Mi llamado y conviértanse. Yo, su Santa Madre en el Cielo, se lo pido. Amén.
Su Madre en el Cielo.
Madre de todos los hijos de Dios y Madre de la Salvación. Amén.
