775. ¡El Señor ve todos sus esfuerzos y los recompensará generosamente! — 11.12.2014

Mi hija. Mi querida hija. Diles hoy a los hijos lo siguiente:

Su “mundo”, lo mundano, nunca los hará felices, ¡porque eso no es posible! Deben desprenderse de él, del mundo, porque está dominado por el maligno.

Uds. se aferran como a un clavo ardiendo, pasando de un placer a otro, tratando de mantener su “felicidad”, pues saben que, tan pronto como el clavo se doble o incluso se rompa perderán esa sensación de felicidad, pues ni pueden retenerla ni hacerla aparecer a voluntad, por eso siguen buscando momentos felices, muchos incluso caen en adicciones, sin encontrar jamás la verdadera felicidad ni recibirla como don, pues la verdadera felicidad eterna no es este mundo, sino que Mi Hijo es su camino hacia ella. Él les dará esta felicidad, y nunca desaparecerá, pero nunca podrán retenerla, sino que deben guardarla en su corazón y profesar cada vez más su fe en Jesús, ¡seguirlo a ÉL y vivir con ÉL!

Mis hijos. No busquen la felicidad mundana, pues es pasajera. La tristeza y la envidia serán su herencia si permanecen en el mundo y buscan en él la verdadera felicidad. Solo a través de Mi Hijo les será concedida la verdadera felicidad. Así que encuentren a ÉL, amados hijos del Señor, porque con ÉL serán felices, pero sin ÉL su “mundo de felicidad construido” se derrumbará como un castillo de naipes y su alma sufrirá.

Mis hijos. Encuentren el camino hacia Jesús, pues ÉL es el único camino hacia la felicidad. Aunque al principio pueda parecerles arduo, cada día se volverá más lleno de alegría y felicidad. Deben encontrar a Jesús para conocer este misterio. Quien no se abra a Jesús, no conocerá la verdadera felicidad. Su alma nunca encontrará paz, pues la plenitud que anhela solo la experimentará a través de Jesús.

Mis hijos. Emprendan el camino y conviértanse en hijos felices del/en el Señor. El Señor ve todos sus esfuerzos y los recompensará generosamente. ¡Así que den ahora su SÍ a su Salvador y entréguense por completo a ÉL! Grande será la alegría en el Cielo, pues cada uno de ustedes es amado por el Padre.

Vengan ahora, Mis hijos, y no esperen más. Yo, su Madre en el Cielo, junto con los ángeles del Padre, se lo pido. Amén.

Su Madre en el Cielo.

Madre de todos los hijos de Dios y Madre de la Salvación. Amén.